Estamos a vísperas de las fiestas navideñas y de fin de año. Los operativos policiales en la ciudad dirigido a los choferes y sus vehículos se han convertido en el pan de cada día de muchos ciudadanos. Las leyes de tránsito con respecto al alcohol han cambiado: para los choferes de transporte público y de carga el límite de alcohol permitido es 0.25 gramos de alcohol por litro de sangre y 0.50 para los choferes de transporte particular.
Personalmente considero que la tolerancia debe ser CERO, debido a la cantidad de accidentes de tránsito que acontecen. Pero más allá de cambiar las normas, creo que el éxito de una ley radica en su estricta fiscalización, lo que también conlleva a un proceso de sensibilización y educación al público en general.
¿Por qué cuelgo la foto de un flan con su pomito de dulce? Porque cuando leí esta nueva medida me hizo recordar esta anécdota del flan que me pasó hace casi un año en Japón (donde la tolerancia es cero).
Unos amigos me invitaron a comer un flan como el de la foto (sin la botellita) y al momento de entregarnos la mercadería para comerla, nos preguntan si habíamos llegado al establecimiento en auto. Respondimos que no e inmediatamente nos dieron la botellita del dulce para acompañar el flan. Realmente me asombré y pregunté qué diablos tenía que ver el flan con venir en automóvil, a lo que la vendedora me respondió: "el dulce contiene cierta cantidad de alcohol". Personalmente creo que la cantidad era mínima o casi no existía, pero dense cuenta que "haber comido flan" y manejar ya era una falta gravísima.
Creo que nuestro país debería seguir ese ejemplo y si quisiera comer un helado de ron y pasas o un helado de pisco sour, debería dejar el auto en casa.
Nota:
Foto tomada en la ciudad de Beppu, Oita - Japón.
Nota:
Foto tomada en la ciudad de Beppu, Oita - Japón.





1 comentarios:
hummm... flan.
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